Palacio de Miraflores.- Hablar de Antonio José de Sucre es rememorar a un hombre cuya vida estuvo siempre al servicio de la causa e ideal revolucionario independentista de los pueblos de América.

Es un hombre al que la suerte de la historiografía no ha tratado bien con el paso de los años, quizás, porque su única ambición fue la libertad, más no la gloria y los reconocimientos.

“El general Sucre no fue ese hombre en búsqueda de brillo, pese a los méritos extraordinarios en su gesta al frente de la independencia de su natal Venezuela y de los pueblos de América, subyugados a las llamadas coronas europeas”, cuenta el historiador Manuel Carrero, quien lo considera además como “el general más completo después del Libertador, Simón Bolívar”.

Proveniente de una familia de casta militar, abuelos y tatarabuelos “que a lo largo de sus vidas fueron pulverizados por los embates de las guerras de independencia”, Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá no escapó a la siembra de esos ideales libertarios. Nació en Cumaná el 3 de febrero de 1795.

Desde muy joven aprendió el arte de las tácticas militares y de la guerra, con 13 años de vida ya dirigía sus acciones por la senda de independencia al lado de los generales libertarios de la época a principios del siglo XIX.

A sus 19 años ya era Coronel y con solo 24 ya colgaba de sus hombros el sol que lo acreditaba como General. “A esa edad un muchacho común y corriente piensa en su juventud, en audacias, en fiestas, en conocer el mundo, es la etapa donde apenas se deja la juventud para entrar en el tiempo de la razón y el general Sucre ya había superado esos momentos para tener claro sus objetivos de vida”, expresa Carrero.

Francisco Antonio Zea, en funciones presidenciales, es quien confiere el generalato a Antonio José de Sucre; Bolívar recibió con gracia el ascenso al regresar a Caracas proveniente de las tierras del sur de América.

Catalogado como uno de los generales más importantes en la gesta libertaria de Venezuela y América; Sucre fue de los más cercanos al Libertador por su entereza y fidelidad a los ideales que desterrarían al imperio español de tierras criollas y a otras coronas en el continente americano.

El elegido

Ya con el éxito de la Revolución de Independencia asegurada en lo que hoy se conoce como Venezuela, era el momento de hacer aún más grande el ideal libertario: El nacimiento de la Gran Colombia tocaba las puertas de los imperios diseminados por las serranías del sur de América y Sucre jugaría un papel fundamental.

Temperamento, habilidades diplomáticas y capacidad de diálogo, eran parte del talento que exhibía Sucre.  A su regreso de la segunda expedición de Haití en septiembre de 1816, Sucre es captado por Bolívar; su misión: Organizar política y administrativamente a una América visionada como un gran país.

Luego de la campaña de Angostura en enero de 1817, Sucre fue perfilado por Bolívar “y separado del resto de sus generales, con el objetivo de prepararlo y darle las herramientas tácticas necesarias para el objetivo de su misión” narra el historiador Manuel Carrero.

Para 1820, Sucre tenía en sus manos la difícil tarea de organizar y finiquitar los armisticios de una guerra de independencia que se extendía por las serranías de una América habida de libertad.

Corrían mediados de 1820, los Andes venezolanos serían la base de planificación para la expedición diplomática que le esperaba a Sucre, que con gran temple, disciplina y obediencia era el indicado a tal fin.

Antonio José de Sucre como ser humano fue una persona que desde muy temprano mostró un alto respeto por la vida, la llamada Guerra a Muerte, tenía en Sucre la compleja tarea de hacer más humanos los enfrentamientos, con respeto por el enemigo y los aliados a la causa independentista.

En el ámbito de la guerra -dice la historia- que Sucre fue el precursor de los derechos humanos, asevera el historiador Manuel Carrero.

Viaje a la Libertad  

Tras el fracaso de las conversaciones de paz, Sucre viajó desde Venezuela para ayudar a los independentistas contra los realistas. Un año después de vencer en la batalla de Yahuachí (1821), el Ejército Libertador llegó a Pichincha.

El 24 de mayo de 1822 con la Batalla de Pichincha, el Ejército patriota, al mando del venezolano Antonio José de Sucre, dio la libertad a Ecuador y le abrió al Ejército Libertador las puertas hacia el Perú, lo que haría posible su posterior independencia española y un logro más de la gesta emancipadora.

Una carta de Sucre a Bolívar daba el parte de la victoria ecuatoriana: «Cuatrocientos cadáveres enemigos y doscientos nuestros han regado el campo de batalla (…) además tenemos 190 heridos de los españoles y 140 de los nuestros (…) Los cuerpos de todos han cumplido su deber: jefes, oficiales y tropas se disputaban la gloria del triunfo”.

El 9 de diciembre de 1824 entre 5 mil y 8.500 hombres se unieron a la causa del ideal bolivariano y comandados por el venezolano, Antonio José de Sucre, protagonizaron la Batalla de Ayacucho, con la cual se sellaría la libertad de Perú y catapultaría a la gloria al insigne venezolano.

El 14 de febrero de 1825 el Congreso de Perú inmortalizó a Sucre y le otorgó el título de Gran Mariscal de Ayacucho, el mayor grado en la escala de oficiales de ese país, por su lucha y dedicación en la independencia y liberación de los pueblos del sur.

El 6 de agosto de 1825 se declara la República de Bolívar, hoy día Estado Plurinacional de Bolivia. Posteriormente, en 1826, el Libertador Simón Bolívar otorgó al país la primera Constitución y Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho, fue elegido Presidente provisional de la República de Bolivia.

Asesinato de un grande

Ya con una Gran Colombia que no dependía de virreyes e imperios, pero a la vez víctima de intereses de dominación por parte de locales, Sucre toma la decisión de regresar a su Patria, Venezuela, un atentado y dos tiros cerca de su pecho no fueron un buen presagio, su gesta política no era bien vista por ansias de poder no complacidas a generales de esa época.

La convención de Ocaña en el año 1828 marcó el fin del Partido Bolivariano por la traición de Francisco de Paula Santander, colombiano, vicepresidente de la Gran Colombia, con intereses serviles al imperio aderezado con codicias, en medio de una crisis separatista de la gran nación continente creada por El Libertador.

En la mañana del 4 de junio de 1830, un atentado en Berruecos, en la Cordillera de los Andes colombianos, dejaría sin vida al Gran Mariscal, que compartió, difundió y luchó por un ideal libertario que hasta hoy, es digno del reconocimiento histórico, como un gran prócer de las páginas de una América enfrentada a potencias imperiales.

Actualmente como en el pasado, las oligarquías buscan la división de la Patria Grande y pretenden minimizar la grandeza de los venezolanos que derramaron su sangre por la libertad suramericana. Hoy como ayer, en el pueblo noble de Venezuela retumban las palabras de Antonio José de Sucre alentando a sus tropas en Ayacucho: «De los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur; otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia”.